LAB y métodos coreanos: cuando las bacterias cuidan el suelo… y tu plato

Cuando hablamos de microbiota en PRIMS, casi siempre pensamos en la tuya: la que vive en tu intestino. Pero hay otra microbiota, igual de activa y de importante, de la que rara vez hablamos: la del suelo donde se cultivan tus alimentos. Hoy queremos contarte sobre una corriente de agricultura sostenible nacida en Corea que trabaja exactamente con esa idea —cuidar bacterias para cuidar cultivos— y por qué ese principio nos resulta tan familiar en medicina funcional.

Qué son las LAB y qué hacen por el suelo

Las LAB (bacterias ácido lácticas) son microorganismos que probablemente ya conoces, aunque no lo sepas: son las mismas responsables de fermentar el yogur, el kimchi o el chucrut. Son bacterias resistentes —toleran ambientes con y sin oxígeno, sobreviven a temperaturas cercanas al punto de ebullición y se multiplican con rapidez a temperatura ambiente— y se encuentran de forma natural en materia vegetal en descomposición y en productos lácteos fermentados.

En la agricultura, estas mismas bacterias cumplen un rol notable: regulan la materia orgánica del suelo, ayudan a neutralizar sustancias químicas dañinas y favorecen la salud de las plantas. Como fertilizante biológico, promueven la biodegradación, aceleran el contenido orgánico del suelo y producen ácidos orgánicos y bacteriocinas —compuestos con capacidad antimicrobiana natural. En términos prácticos: mejoran la estructura y fertilidad del suelo, ayudan a controlar patógenos que atacan a las plantas, y —un detalle que sorprende a mucha gente— reducen los malos olores en espacios de compostaje o crianza animal, porque compiten con las bacterias responsables de esos olores y las desplazan.

Su uso agrícola no es una tendencia marginal: instituciones de investigación agrícola en Corea han estudiado estas familias de microbios —bacterias ácido lácticas, bacilos, bacterias fotosintéticas, levaduras— evaluando su capacidad para solubilizar fósforo, fijar nitrógeno y suprimir hongos, encontrando que los suelos manejados de forma orgánica son más diversos y biológicamente activos que los suelos de manejo convencional.

Dos enfoques coreanos que popularizaron esta idea

Korean Natural Farming (KNF) usa precisamente estos microorganismos —bacterias ácido lácticas, bacilos, bacterias fotosintéticas, levaduras— cultivados a partir de microorganismos indígenas recolectados del entorno local, para preparar extractos fermentados y fertilizantes líquidos con los que se nutre el suelo y las plantas, reduciendo la dependencia de insumos químicos comerciales.

JADAM nació en 1991 como respuesta a un problema concreto: incluso dentro de la agricultura orgánica, muchos insumos "naturales" comerciales seguían siendo costosos para pequeños agricultores. JADAM propone algo más radical en su simplicidad: cultivar los microorganismos ya presentes en el bosque o suelo más cercano a cada finca, usando ingredientes mínimos y accesibles —hojarasca, papa cocida, sal marina, agua sin cloro— para crear soluciones microbianas propias, reemplazando fertilizantes y pesticidas químicos.

Ambos enfoques comparten una misma filosofía: en lugar de imponer una solución química externa, se trabaja con la comunidad microbiana que ya existe en cada lugar, fortaleciéndola para que haga el trabajo que naturalmente sabe hacer.

La conexión que nos interesa: tu microbiota y la del suelo

Aquí es donde este tema se conecta directamente con lo que hacemos en PRIMS. La ciencia ha empezado a mapear el eje suelo-planta-microbiota intestinal humana. Una revisión publicada en 2025 describe cómo el microbioma del suelo puede interactuar de forma directa con el microbioma humano, y cómo, en las primeras etapas de la vida, la exposición a ambientes naturales con suelo saludable contribuye al desarrollo de una especie de "memoria molecular" del sistema inmune —relacionada con la hipótesis de la "inmunidad natural".

Pero la conexión también pasa por lo que ese suelo produce y cómo se produce. Múltiples estudios recientes muestran que los residuos de pesticidas no solo dañan la microbiota del suelo —una investigación de 2025 encontró más de diez tipos de pesticidas en el 98.6% de las muestras de suelo analizadas, con efectos negativos medibles sobre las bacterias beneficiosas para las plantas—, sino que también alteran la microbiota intestinal humana. Un estudio con participantes humanos encontró que la exposición prolongada a pesticidas organofosforados se asocia con cambios en la abundancia de varios grupos bacterianos intestinales y en la capacidad funcional de las vías metabólicas de la microbiota humana. Otro análisis multi-ómico de 2025 mapeó cientos de interacciones específicas entre pesticidas y especies bacterianas intestinales, confirmando que estos compuestos pueden inhibir o promover el crecimiento de distintas bacterias y generar alteraciones medibles en su metabolismo.

Dicho de forma simple: la salud del suelo donde crece tu comida y la salud de tu propio intestino no son temas separados. Cuando se reduce el uso de químicos de síntesis en el cultivo —como proponen enfoques como KNF o JADAM— se reduce, en cadena, la carga tóxica que termina llegando a tu plato y, eventualmente, a tu propia microbiota.

La mirada de la medicina funcional

Desde la medicina funcional, este paralelo entre cuidar las bacterias del suelo y cuidar las bacterias de tu intestino no es una simple metáfora bonita: es, literalmente, el mismo principio biológico aplicado en dos escalas distintas. En ambos casos, la salud del ecosistema completo depende de la diversidad y el equilibrio de sus microorganismos, y en ambos casos ese equilibrio se ve amenazado por el mismo tipo de intervención: el uso excesivo de compuestos químicos que no distinguen entre microbios beneficiosos y dañinos. Por eso, cuando hablamos contigo de elegir alimentos con menor carga de químicos de síntesis cuando sea posible, no es una preferencia estética ni una moda: es una extensión lógica del mismo cuidado que le damos a tu microbiota intestinal en consulta.

Qué puedes hacer, en la práctica

  • Prioriza, cuando sea accesible para ti, productos de agricultura orgánica o de productores locales con prácticas de bajo uso de químicos sintéticos.

  • Lava bien frutas y vegetales, incluso los orgánicos, como práctica general de higiene alimentaria.

  • No busques la perfección, busca la dirección correcta. No siempre es posible comer 100% orgánico; reducir la exposición gradualmente ya representa un beneficio acumulado real.

  • Diversifica tus fuentes de alimentos tanto como puedas: así como la diversidad microbiana beneficia al suelo, la diversidad de tu dieta beneficia a tu propia microbiota intestinal.

  • Recuerda que cuidar tu microbiota es un trabajo de varios frentes, junto con la fibra, el manejo del estrés y el descanso.

El mensaje central

Las LAB, el Korean Natural Farming y JADAM nos recuerdan algo que en medicina funcional repetimos con frecuencia: la salud rara vez se sostiene desde una sola pieza aislada, sino desde el equilibrio de un ecosistema completo. Cuidar las bacterias del suelo donde crece tu comida y cuidar las bacterias de tu propio intestino son, en el fondo, el mismo gesto de cuidado, aplicado en dos lugares distintos de la misma cadena que finalmente termina en tu plato —y en ti.

Referencias

  1. Raman, J., Kim, J.-S., Choi, K. R., et al. (2022). Application of Lactic Acid Bacteria (LAB) in Sustainable Agriculture: Advantages and Limitations. International Journal of Molecular Sciences, 23(14), 7784.

  2. Murata, R., Shim, Y. Y., Kim, Y. J., Reaney, M. J. T., & Tse, T. J. (2025). Exploring lactic acid bacteria in food, human health, and agriculture. Critical Reviews in Food Science and Nutrition, 65(32), 8122-8148.

  3. Ma, H., et al. (2025). The soil-plant-human gut microbiome axis into perspective. Nature Communications, 16, 7748.

  4. Zhang, K., Paul, K., Jacobs, J. P., et al. (2024). Ambient long-term exposure to organophosphorus pesticides and the human gut microbiome: an observational study. Environmental Health, 23(1), 41.

  5. Chen, L., Yan, H., Di, S., et al. (2025). Mapping pesticide-induced metabolic alterations in human gut bacteria. Nature Communications, 16, 4355.

  6. Qiu, D., et al. (2025). Global variation in plant-beneficial bacteria in soil under pesticide stress. Nature Communications.

  7. JADAM. JADAM Organic Farming for Sustainable Low-Cost Agriculture in South Korea.

  8. Rural Development Administration, National Institute of Agricultural Science (Corea del Sur). Investigación sobre microorganismos beneficiosos en suelos de manejo orgánico.

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